¿No sabes qué problema resuelve tu producto? Una guía para desarrollar sobre bases sólidas

Crear una aplicación para satisfacer necesidades propias no es idea nueva. De hecho es una de las principales causas de que muchos desarrolladores se lancen al campo del emprendimiento. Pero, ¿alcanza para tener un negocio consolidado?

La idea es que si la “necesidad” en cuestión es compartida por alguien más que el desarrollador, por sentido común se deduce que existe un mercado para esa solución.

En la creación de productos, este enfoque se conoce como Self design y tiene una larga historia de ejemplos (Basecamp, Apple), y una buena cantidad de debates alrededor de su validez.

¿Resolvemos necesidades propias o de otros?

La cuestión es que este abordaje generalmente tiene mucho sentido si estamos resolviendo necesidades propias: es más fácil poder entender un problema (y generar una solución) si podemos definir al detalle los “dolores” que nos genera una situación. Esto es, si la vivimos frecuentemente y cada día nos toma tiempo pensar cómo resolverla.

Ese enfrentamiento diario con «la necesidad» es lo que permite al Self Design poder validar rápidamente la calidad de la solución que estamos desarrollando. Pero seguimos sin confirmar si nuestro problema es algo que comparte un grupo suficiente de personas, y que nuestra solución los satisface de manera similar.

Un mercado para nuestra “solución”

¿Cómo saber si existe existen clientes que pagarán por nuestro producto? La respuesta está en tus potenciales clientes. El valor de tu propuesta de solución a sus problemas está íntimamente relacionado con la percepción que tengan de su problema y con las expectativas de satisfacción que tienen. En otras palabras: tu propuesta será aceptada sólo si cumple (o supera) los resultados deseados.

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